domingo, 30 de noviembre de 2008

"Leer filosofía es hacer filosofía o perder el tiempo, y sólo quien ha sentido el vértigo del abandono a la libertad del pensamiento puede aproximarse con provecho a la experiencia del pensador y hacerla suya. Porque el pensador - aunque lo dude el hombre del sentido común - no hace sino relatar su viaje sin retorno al núcleo de la experiencia vivida. Lo que efectivamente lo distingue de las otras conciencias no es abstraer el contenido de la sensación inmediata, sino justamente negarse a la abstracción impuesta por la memoria de la sensación y sus signos, negarse a la nivelación decidida por un supuesto sentido común para perseguir el sentido inmediato mismo, y es así - en la última soledad de su azaroso pero inmanente concebir - como se une a toda otra conciencia pensante.
El filósofo es el hombre de exceso en la experiencia, el que siente lo inmediato y dice su sentir para infinito escándalo de quienes tienen ya establecido qué ver, qué oir, qué decir, qué hacer, dónde encaminarse y qué desear. Por eso mismo, su enemigo no es este o aquel grupo de individuos, ni esta o aquella cultura, sino el grupo en general, todos los miembros del rebaño en cuanto tales, y sólo en cuanto tales. Como describía la elegía Pan y Vino de Höldering, el pensador es el sacerdote de la luz que erra, ebrio, a lo largo de la noche sagrada. Como afirma la rara serenidad del indio yaqui, interlocutor del estupefacto antropólogo Castaneda, el sabio no tiene honor, no tiene casa, no tiene familia, no tiene patria; tiene solamente una vida que vivir".

Antonio Escohotado

2 comentarios:

Sara Eugenia dijo...

me encantó el texto
mucho mucho
:*)

Heimdall dijo...

Es un texto que denota una especie de malestar que me hace recordar al "Mito de la caverna" de Platón.
Por ello, en fondo, su significado denota una aparente complegidad pero, fuera de malditos erudismos,en realidad, simplemente es una visión cosmopolita y trágica (en sentido vitalista)de esta vida.