lunes, 19 de octubre de 2009

Sobre as utopías

"As utopías aparecen como máis realizables do que criamos noutro tempo. E nós atopámonos actualmente diante dunha cuestión doutro modo ben angustiosa: como evitar a súa realización definitiva...? As utopías son realizables. A vida camiña sobre as utopías. E pode ser que un século novo estea comezando, un século onde os intelectuais e a clase cultivada pensen nos mediocres para evitar as utopías e volver a unha sociedade non utópica, menos 'perfecta' e máis libre".

NICOLAS BERDIAEFF

2 comentarios:

Heimdall dijo...

De hecho, la palabra "perfección" es dan ambígua que un modelo social "hermético" y "eterno" no lo podríamos contemplar como algo ajustada a la felicidad que aspira el ser humano, verdadero motor de nuestras vidas aunque querramos negarlo.

Javier Travieso dijo...

¿Qué mayor esclavitud que la perfección? La incompletud forma parte del avance vital.

Me viene a la mente la relación con los otros: ¿Qué nos impulsa a tratarlos, a relacionarnos de continuo con alguien ajeno a nosotros? Probablemente ese misma “Imagen insatisfecha” que de la otra persona tenemos: algo incompleto. En cuento ser ajeno a nosotros, en cuanto otro “consciente en el mundo” se nos muestra incognoscible, esquivo, carente de sabor completo (lo que a veces se traduce en antipatía: “el odio surge en mi, porque tu no eres yo, por lo tanto no puedo tener ninguna certeza tuya”) ¿Ahí el motor de la relación? El ansia de “comerse” al amigo, hacerlo parte de si, desconvenirlo en objeto y asumirlo como parte propia y esencial. “Completarlo”

No hay mayor angustia, mayor cierre sobre mi mismo que un modelo perfecto ¡En su misma perfección reside la angustia! Y se que algo falla, que algo huele a podrido, pero mis labios están irremediablemente sellados, porque no hay nada tangible que pueda señalar y atacar. O, si lo hay, ¡La propia perfección del sistema ha hecho que no sea el único en hacerlo, y por lo tanto mi ataque es asumido como parte del sistema mismo! (ahí vemos un ejemplo de la sociedad de masas: donde el problema ya no es el "¿Qué?" Ni siquiera el "¿Cómo?" Sino el "¿Cuantos?" )

Por lo tanto, la única forma de rebelión escapa a la lógica y a la coherencia, pero no al sentido.