miércoles, 4 de noviembre de 2009

Jose Luis López Vázquez, Francisco Ayala y... Claude Lévi-Strauss.

Muere Claude Levi-Strauss a los 100 años. Una entrevista de 2005

¿Qué diría del futuro?

No me pregunte nada de eso. Estamos en un mundo al que ya no pertenezco. El que conocí y amé tenía 1.500 millones de habitantes. El mundo actual tiene 6 mil millones de humanos. Ya no es el mío. Y el de mañana, poblado por 9 mil millones de hombres y mujeres —aunque se trate de un pico de población, como nos dicen para consolarnos— me impide cualquier predicción...

4 comentarios:

Heimdall dijo...

Autoconvencer se de eso es como morrir antes de tiempo... Lévi-Strauss fue siempre una persona pesimista y desarraigada (o al menos eso mostraba en "Trites trópicos") pero estoy en descuerdo en que hay una época para cada uno, somos puro presente y eso es suficiente como para que cualquiera persona de cualquier edad deba mantenerse despierta hasta el final de sus días. Si no ¿Para qué seguir viviendo?

Luis Gómez Casás dijo...

Además es un hipócrita, dice que no se atreve a predecir nada del futuro y en el renglón anterior está prediciendo que la población mundial va a ser de nueve mil millones.

¿Sabes qué Levi? Que ahora tú estás muerto y yo estoy vivo, vivoooo ¡¡¡¡¡VIVOOOOO!!!! Muerde el polvo, gilipollas!!!!!!!

Es que estoy resentido con él por culpa de Nieves. Propongo una kedada para ir a bailar sobre su tumba.

PD: VIVOOOOOO!!! pedazo de imbécil.

Javier Travieso dijo...

Cada uno nace con su circunstancia.

La mía es esta.

Saquemos algo de ella.

El mundo global, los ordenadores, el derrumbe de pared tras pared: vemos que no estamos en ninguna parte.

Nuestro tiempo nos acuna, nos mima y nos enseña.

Quiera o no, yo soy yo, y soy aquí.

Mi época es mi puerto. Cada segundo: una responsabilidad fugitiva que se clava en mi conciencia. Un hastío del estar. Un sello imborrable en mi personalidad en permanente definición. Estoy condenado al haber sido, al ser y al seré ¿Qué libertad puedo tener así? ¡Solo una ausencia de ataduras, una minima posibilidad de movimiento que no me libra de mi esclavitud ontológica!

Así, planto flores en mi tiempo. Pero durante esta tarea, me siento un torpe conductor que trata de orientar su camión en algún sentido, mientras este acelera desbocado, y el resto de conductores exigen pitando que me meta por algún desvío. Triste camión ¿A dónde lo llevo?

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Hacía tiempo que no me pasaba por tu blog, amigo.

La verdad es que hemos coincidido en el obituario. Tristes semanas, tristes trópicos.


UN abrazo.