viernes, 18 de diciembre de 2009

¡Adiós Bar Mazarelos!

Y estaba muy escondido. No para mi distorsionada vista, sino para mi despistada conciencia que estaba convencida de que no había ningun tesoro delante de la plaza... pero el nombre indicaba que ya debía suponer mi equivocación.
Con un humilde cartel que parecía entremezclarse con otros de temas dispares (mi conciencia aún no ha llegado a eses), anunciaba tímidamente el propósito de que bebierás una pequeña parcela de tu vida en ese "cuchitril" (hablando "aseghun" valoramos los espacios).
Sin embargo, el bar demostraba que no se necesita grandes espacios ni espectaculares televisores para hacernos disfrutar de un tranquilo y cálido instante en nuestras tambaleantes vidas. El trato humano de Manolo y Flora eran más que suficientes. De hecho, era más de lo que se podía pedir.
Siempre dispuestos a hablar y a compartir sus vivencias, tenían un sano sentido del humor que ya animaba a que la gente que entraba mostrara algo de ellos. Eran la fugaz chispita de fuego que contemplas en la fría oscuridad que representan las convencionalidades de esta rueda mecánica en la que estamos todos metidos.
Pero además de sus incansables y (tomándole prestada la palabra a Manoel) épicos dueños, también están los momentos que respiré y compartí con personas o con mis propios pensamientos... demasiados sentimientos acumulados como para que las personas que allí estubimos podamos cargarlas solas. Creo que el bar se quedó con una gran parte de ellos.
Esta mañana tomé mi última copa en el bar. No me importaba si era solo o en companía, simplemente tenía la necesidad de despedirme del bar y de sus dueños desde mi más profundo respeto.
La bebida y las tapas (¡Oh! ¡Nunca me olvidaré del sabor de las patatas y de su tortilla de...!) se fueron esfumando al tiempo que recordaba todo lo que me había ocurrido en este sitio mientras aguantaba la risa al escuchar a un antiguo profesor gritándole a otro "¡¿Cómo que auga?! ¡Un viniño é o que hay que tomar a estas horas!" (sí, es el gran amigo de Martiño... lo que contó esta mañana bien lo certificaba).
Una vez que yá no me podía escusar más a mí mismo para seguir retrasando lo inevitable, decidí hablar por última vez con Manolo y Flora. Contentos pero al mismo tiempo apenados porque este era su último día de trabajo en el bar, se despidieron con ese alegre y modesto tono que demuestran un ámplio cariño hacia las personas.
Que no me dejaran pagar (una vez más) la consumición me dejó realmente desarmado, sin saber qué más agradecerles por haber mantenido el bar lo sufieciente como para que lo pudiera disfrutar.
¡Adiós Bar Mazarelos! Y que os vaya todo bien en la vida Manolo y Flora. Ojalá el destino me deje la oportunidad de poderos volver a ver en el futuro para recordar por qué el Bar Mazarelos hacía agradable salir de la facultad.

6 comentarios:

Javier Travieso dijo...

Cuando esta clase de locales desaparecen se llevan muchas cosas con ellos.

Se está perdiendo la calidez del antro. El gusto de sentirse encerrado. La taberna familiar. Los alimentos cocinados con cariño y la vecinanza. Proliferan los locales impersonales: geométricos, clónicos y fríos. Una pena.

En otra madriguerá habrá que anidar.

Manoel dijo...

El bar Mazarelos cambia de dueños, no cierra. Los echaremos de menos pero seguro que vienen a hacer una visita de vez en cuando.

Heimdall dijo...

Ah vale! Jajajajaja. Espero que por lo menos los nuevos dueños le mantengan el nombre al bar... en fin, gracias por el apunte.

.Lou Sara Salomè. dijo...

OOOOOOOOh.... desdeluego que el traspaso del Mazarelos merecía una entrada. Espero que Manolo y Flora se dejen caer de vez en cuando, y... aunque no será lo mismo... supongo que la gente que vayamos seguiremos siendo los mismos asiduos... y la gente es lo que hace a un barser el bar que es...no??
Un brindis por el Mazarelos, y por los godellos que aún quedan por tomar! salud!

Luis Gómez Casás dijo...

El viernes fuimos Adrián, Manoel y yo y Manolo tenía la puerta cerrada porque sólo dejó entrar a sus clientes de toda la vida. Nos vio y nos invitó a entrar y a tomar algo gratis así que estuvimos disfrutando por última vez de su compañía en ese bar.

Ah y nos presentó al que va a ser el nuevo dueño. Le dijo que nos tratase bien xD.

Manolo te queremos!!!!!!!

Anónimo de Jámblico dijo...

Un bar é un bar....e de Manolo era un local social, asi que un respeto!xD